Desde tiempos antiguos, el género del retrato se ha entendido como un medio para construir ídolos o iconos, provocando importantes conflictos sociales en torno al control de dichas representaciones, desde la iconoclasia bizantina del siglo IX hasta la cultura de la celebridad actual. El amplio alcance que permiten los medios digitales ha contribuido además a moldear la construcción de ídolos en estos espacios.
Iconoclast es una obra generativa que transforma los rostros de figuras con gran poder e influencia en 2026. Seleccionadas mediante herramientas de inteligencia artificial, estas imágenes se extraen de vídeos encontrados en línea y se transforman a través de un algoritmo hecho a medida. Inspirándose en diversas referencias, entre ellas las pinturas de Francis Bacon y El retrato de Dorian Gray de Oscar Wilde, la obra reflexiona sobre la relación histórica entre arte, retrato y poder.
Iconoclast también hace referencia a los primeros experimentos fotográficos de Daniel Canogar en el cuarto oscuro. La obra evoca las superficies tensadas de las copias sobreexpuestas a productos químicos fotográficos, que generaban texturas agrietadas, efectos de burbujeo y el desprendimiento de la emulsión fotosensible. En Iconoclast, el algoritmo personalizado disuelve la profundidad de los vídeos, transformando los rostros de los ricos y poderosos en inquietantes gestos pictóricos de materia superficial.
Iconoclast confronta directamente los mecanismos que sostienen los sistemas contemporáneos de representación del poder, señalando el papel central de la imagen como dispositivo de legitimación en la cultura actual.
Iconoclast es una obra generativa que transforma los rostros de figuras con gran poder e influencia en 2026. Seleccionadas mediante herramientas de inteligencia artificial, estas imágenes se extraen de vídeos encontrados en línea y se transforman a través de un algoritmo hecho a medida. Inspirándose en diversas referencias, entre ellas las pinturas de Francis Bacon y El retrato de Dorian Gray de Oscar Wilde, la obra reflexiona sobre la relación histórica entre arte, retrato y poder.
Iconoclast también hace referencia a los primeros experimentos fotográficos de Daniel Canogar en el cuarto oscuro. La obra evoca las superficies tensadas de las copias sobreexpuestas a productos químicos fotográficos, que generaban texturas agrietadas, efectos de burbujeo y el desprendimiento de la emulsión fotosensible. En Iconoclast, el algoritmo personalizado disuelve la profundidad de los vídeos, transformando los rostros de los ricos y poderosos en inquietantes gestos pictóricos de materia superficial.
Iconoclast confronta directamente los mecanismos que sostienen los sistemas contemporáneos de representación del poder, señalando el papel central de la imagen como dispositivo de legitimación en la cultura actual.
Medio: Pantalla 4K, ordenador, software generativo personalizado, datos en tiempo real, conexión a Internet