En un mundo donde la atención fugaz es capturada por información espuria, las noticias veraces suelen quedar eclipsadas. Vértice es una representación simbólica de la luz como metáfora de la claridad que el periodismo busca revelar. A través de su labor, los periodistas iluminan la oscuridad caótica del mundo para dotarla de sentido. Su testimonio es un acto silenciosamente heroico que a menudo pone sus vidas en riesgo.
Vértice nos invita a honrar a los periodistas que ya no están, así como las palabras e imágenes que crearon en su esfuerzo por ayudarnos a comprender mejor nuestra realidad. Es un monumento vivo en constante transformación, un homenaje a los 15 periodistas que murieron mientras realizaban su labor informativa en zonas de conflicto. La pieza redefine el concepto tradicional de monumento, típicamente asociado a valores eternos esculpidos en piedra o bronce. En su lugar, adopta la forma de una escultura luminosa en evolución continua.
La pantalla ha sido orientada simbólicamente hacia la sede de la Asociación de la Prensa de Madrid, ubicada en la esquina de la calle Juan Bravo con la calle Claudio Coello, conectando así la obra con la organización que encargó el monumento.
La pieza muestra una animación abstracta hipnótica cuyos colores evocan la refracción de la luz producida por un prisma óptico. Situada en el espacio urbano, aparece como un faro que nos guía en la vida cotidiana. De manera intermitente, los nombres de los periodistas homenajeados aparecen secuencialmente en la pantalla como texto superpuesto, antes de disolverse en una abstracción que se funde con el fondo.
En eco de las esquelas tradicionales de los periódicos, la aparición de estos nombres genera una experiencia contemplativa y una oportunidad para que el público reflexione sobre los periodistas, con sus nombres e identidades completas, que perdieron la vida mientras ejercían su labor informativa.
Vértice nos invita a honrar a los periodistas que ya no están, así como las palabras e imágenes que crearon en su esfuerzo por ayudarnos a comprender mejor nuestra realidad. Es un monumento vivo en constante transformación, un homenaje a los 15 periodistas que murieron mientras realizaban su labor informativa en zonas de conflicto. La pieza redefine el concepto tradicional de monumento, típicamente asociado a valores eternos esculpidos en piedra o bronce. En su lugar, adopta la forma de una escultura luminosa en evolución continua.
La pantalla ha sido orientada simbólicamente hacia la sede de la Asociación de la Prensa de Madrid, ubicada en la esquina de la calle Juan Bravo con la calle Claudio Coello, conectando así la obra con la organización que encargó el monumento.
La pieza muestra una animación abstracta hipnótica cuyos colores evocan la refracción de la luz producida por un prisma óptico. Situada en el espacio urbano, aparece como un faro que nos guía en la vida cotidiana. De manera intermitente, los nombres de los periodistas homenajeados aparecen secuencialmente en la pantalla como texto superpuesto, antes de disolverse en una abstracción que se funde con el fondo.
En eco de las esquelas tradicionales de los periódicos, la aparición de estos nombres genera una experiencia contemplativa y una oportunidad para que el público reflexione sobre los periodistas, con sus nombres e identidades completas, que perdieron la vida mientras ejercían su labor informativa.
Pantalla LED, paneles de metacrilato, estructura metálica, ordenador y software generativo.