Maelstrom

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Durante los años de posguerra, la angustia existencial permeó la pintura de muchos artistas a ambos lados del Atlántico. Los miembros del Expresionismo Abstracto de la escuela de Nueva York y del Informalismo Europeo proyectaron su inestabilidad interna en el lienzo con gestos atrevidos de alta carga emocional. El acto performativo de pintar priorizó el proceso por encima del resultado. La interacción entre el cuerpo y la materia pictórica generó las obras más memorables del siglo XX. 


Maelstrom es una obra de expresionismo abstracto que, en vez de usar pinceles, emplea un algoritmo desarrollado ex profeso que salpica formas pictóricas por la pantalla. En lugar de pintura, las composiciones abstractas son creadas con fotos de prensa del día. Estas imágenes se deslizan por la pantalla antes de disolverse en una abstracción dripping. Las caras de líderes políticos se derriten ante nuestra mirada; las banderas nacionales de conferencias de prensa aportan matices saturados a la composición; las multitudes manifestantes también sucumben al efecto erosivo del algoritmo. La obra generativa conjura diversas referencias de la historia del arte: Turner, Clyfford Still, Francis Beacon o Baselitz, como muchos otros miembros de la familia del arte abstracto. 


La pintura mutante de Maelstrom no tiene final, siempre está en constante cambio: las noticias del momento cubren a las anteriores y así sucesivamente. Capa tras capa, esta pintura infinita captura lo efímero del ciclo periodístico actual, y de la vida en sí misma. La obra también evoca el dinamismo gestual de la pintura abstracta. El arte generativo comparte muchos aspectos con el expresionismo abstracto, como la fascinación por el proceso, la performatividad y lo impredecible del resultado.


Igual que la pintura de mitad de siglo respondió al trauma de la Segunda Guerra Mundial, Maelstrom captura el desasosiego emocional de nuestros tiempos. El agotamiento producido por el incesante bombardeo de noticias 24/7 nos deja aturdidos y paralizados. Con Maelstrom, Daniel Canogar trata de procesar nuestro tiempo a través de la fusión improbable de la fotografía periodística, el algoritmo y la historia de la pintura.